“El lector en la máquina del tiempo” por Edgar Khonde

La_lectora_muchos_libros by Miguel SampedroEn la novela El mago, de César Aira, el personaje principal goza de la cualidad de velar[1] y desvelar objetos a voluntad; característica intrínseca a cualquier mago, con la diferencia de que el mago de Aira es verdadero, es decir, no usa trucos en su magia.

Con la habilidad del mago, podríamos imaginarnos que casi cualquier cosa sería posible. Por ejemplo, hacer aparecer un libro de poemas o una novela. ¿Y no es eso lo que hace un escritor? Aunque no de forma instantánea, un libro que aparece en un anaquel es un acto de magia. El lector asiste como un espectador a un evento de prestidigitación cada que cruza las puertas de una biblioteca. No creo que un lector que ojea una novela conciba el espacio invertido para la escritura del libro que tiene en sus manos. Para el lector «tomar[2]» un libro se traduce como un verbo de logro[3].

tiempoEl tiempo de la lectura es diferente al tiempo de la realidad, se accede a una ilusión. Como el transcurso del tiempo dentro de los sueños, también el tiempo dentro de la lectura funciona de un modo distinto; no solo en lo cronometrado del ejercicio de leer sino en lo que se lee.

El lector cuenta con tres tiempos distintos cuando toma un libro -el tiempo es tridimensional- (ya solo por ese hecho podríamos pensar en el escritor como un mago): El tiempo en el que él se encuentra en reposo descifrando signos; el tiempo en el que suceden las cosas de lo leído, y; el tiempo real.

 El lector en reposo está representado en Back to the Future a través de Marty McFly dentro del DeLorean; la máquina del tiempo, el instante de la lectura, es el canal y lo que une a los otros dos tiempos. Cada que el lector sale de la lectura ha sido trasladado al futuro.

 El tiempo real transcurre independiente del lector y la lectura. El lector se incrusta a ese tiempo cuando interactúa con el otro. Y cuando interactúa envejece. Si pudiera quedarse siempre en la lectura no pasaría el tiempo a través de él, como en La invención de Morel; en donde el lector decide grabarse para siempre en el tiempo de la lectura.

 El tiempo de la lectura se rige bajo reglas distintas de la física convencional, principalmente porque se puede viajar al pasado, pero también porque es posible presenciar el trascurso de miles de años en una oración o un párrafo, por ejemplo, la elipsis temporal de la película 2001: una odisea del espacio[4], la elipsis más larga de la historia con cuatro millones de años: el hueso lanzado que se convierte en una nave espacial.

 El lector acude a la literatura sin percatarse de que se introduce en el tiempo y el espacio: se convierte en un viajero y un cosmonauta. Más allá del escritor, -el mago-, el lector es el actor que hace posible la literatura (como el espectador hace posible la magia, que no existiría sin él).

 La convergencia de la tridimensionalidad del tiempo con la bidimensionalidad del acto de leer, lector-escritor, explica un poco la ingeniería de la lectura como acción. La acción es el acecho sobre la máquina del tiempo: la literatura.

En libros como Siete pecados capitales y Pieza única, ambos de Milorad Pavic, el lector, de hecho, es el personaje que activa las tramas. Pavic construye su discurso con la presencia de quien lee. El escritor espera pacientemente a que Marty McFly encienda de DeLorean para regresar desde el futuro.

Con la literatura, el escritor construye artilugios para que la gente pueda viajar, -o los aparece o los inventa-, la gente puede decirle a esas cosas novelas, cuentos, poemas, películas. Yo les voy a decir libros o máquinas del tiempo.

 Edgar Khonde

Twitter: @edgarkhonde


[1]  En su forma transitiva velar significa cubrir, ocultar.

[2]  Aquí el significado de tomar implica asir su contenido.

[3]  Verbos de logro como: nacer, romper.

[4]  La literatura tiene distintos soportes, un libro, el cine.

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