De Esas Películas de Amor por Sofía L.

Hablemos de amor, de ese sentimiento puro e intenso que se apodera de nosotros en los momentos que menos lo esperamos.

Hay películas que nos tocan en este tema. Unas que sin duda son para palomear un domingo a media tarde abrazado con tu pareja.

Pero hay otras películas, demasiadas de este tema, que no se acabaría la lista, por lo que he recopilado tres, quizás un poco comerciales, pero sin duda, a más de uno les gustará.

***Alerta unos cuántos  Spoilers.

Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind 2004)

Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind 2004)

Una pensaría que cuando después de mucho tiempo de llevar buscando a esa persona, aparece todo será perfecto, sin embargo no lo es, gestos, detalles, la forma de hacer hasta la más simple cosa puede tornar la relación en un infierno.

La increíble historia de Joel interpretado por el actor Jim Carrey  y de Clementine (Kate Winslet) es la historia de un amor que se va complicando, hasta que Joel decide borrar de su memoria todo recuerdo de ella,  solo para darse cuenta que no todo es tan horrible como él pensaba y prefiere no perderse  la oportunidad de amar a Clementine tal y como es, solo falta esperar que no sea tarde.

Basada en libros del escritor francés Boris Vian, y dirigida por Michael Gondry, este película, te lleva a escenarios oníricos y te hace pensar más de una vez si tuvieras la oportunidad de borrar a alguien que amaste de tu vida,  ¿Lo harías?.

Trailer

 

Disfruta un poco del Soundtrack de la película

https://www.youtube.com/watch?v=V7XVe0FaT-s&list=PL6A5F6387377E431F

 

El Efecto Mariposa ( The Butterfly effect  2004) 

El Efecto Mariposa 1Con el argumento:   “El aleteo de una simple mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”, El efecto Mariposa, es la historia de Evan Trebon ( Ashton Kutcher)  quien  en su infancia sufre pequeñas crisis que lo hacen olvidar algunos capítulos de su vida, que para su grupo de amigos Kayleigh (Amy Smart), Lenny (Elden Henson) y Tommy (William Lee Scott), marcan el destino  de su vida, por lo que comienza un diario y años después,  descubre que leyendo su diario puede transportarse a ese momento y entender  lo que paso, pero también puede cambiar ciertos aspectos dramáticos de las vidas de todos los que lo rodearon, incluyendo a Kayleigh su amor de la infancia.

El efecto mariposa

Lo que no espera es que cada vez que intenta mejorar algo, todo lo demás empeora, por lo que tendrá que luchar contra su pasado y encontrar la mejor manera de arreglar las vidas de las personas que ama.

La película tuvo dos secuelas, solo la primera merece la pena.También es interesante saber que existen finales alternativos de la historia.

El efecto mariposa 2

Trailer

 

 

Entre su canción principal se encuentra Stop Crying de Oasis, aquí la dejamos para que disfrutes.

 

 

Amélie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulain)Amelie 2

Dirigida por  Jean-Pierre Jeunet,  esta película francesa tiene como lema:  “Te cambiará la vida”;  y es cierto, ya que todos deberíamos de ser un poco como Amélie, siendo feliz con pequeños placeres de la vida, como meter la mano en un saco de legumbres, verle la cara a la gente mientras ve una película en el cine, o simplemente tener una meta clara y precisa, ayudar a los demás a ser felices, y esto es lo que se propone Amélie, despúes de descubrir en su baño una caja que contiene un tesoro que guardo un niño de hace 40 años, se dedicará a buscar la forma de cambiarle la vida a la gente.

Sin embargo, ella no es totalmente feliz,  y tras algunos intentos de encontrar el amor, se ha decepcionado, llevando una vida solitaria a lado de su gato.

Amelie

Hasta que conoce a Nino,  pero para acercarse a él, busca diferentes formas de hacerlo, pero la inseguridad y el miedo se apoderan de ella, Sin embargo, todo lo que ha hecho por los demás, se le regresa de una forma romantica y nueva para la vida de esta soñadora.

Esta película además de ser muy romantica, tiene un disfrute visual ya que entre sus locaciones se encuentran, Sacre Coeur (Basílica del Sagrado Corazón,  el café “Les deux moulins” que tras el éxito de la película se ha convertido en un punto turistico,  y muchos escenarios del bello París.

Pueden disfrutar un poco de la música de esta película

 

 

Sofía L.

 

Conoce a las personas que periódicamente contribuyen a la construcción del Rincón del Arte y Cultura

 

Visita nuestra página Corredor Cultural NarvArte

 

Mándanos un mensaje:

 

 

Anuncios

La Ninfómana de Lars Von Thier por Sophia L.

Nymphomaniac Vol. 1″ del director danés Lars Von Thier se estreno en México el  pasado 11 de Abril en la 56 Muestra Internacional  de la Cineteca Nacional.

La película cuenta la historia de Joe protagonizada por Charolote Gainsbourg una ninfómana autodiagnosticada, que al ser encontrada golpeada en un callejón por un hombre llamado Seligman, (Stellan Skarsgård) quien la lleva a su casa para curarla y cuidarla, lo que detonará en una profunda conversación acerca del pasado de Joe, y todo su recorrido sexual como ninfómana, condición que la hace sentir culpable.

ninfomana1

La historia se divide en 8 capítulos y dos volúmenes. Cargada de mucho erotismo, sexo explicito y una gran develación del personaje Central ( Joe) Nymphomaniac esta considerada una de las películas más polémicas del 2013 y le ha dado mucha publicidad el hecho de que Lars Von Thier fuera expulsado de Cannes en 2011, por expresar en broma su simpatía con Hitler, además de contar con una amplia trayectoria cinematográfica que  se caracteriza por su cine lleno de simbolismo y altamente experimental, entre sus filmes encontramos ” Bailando en la Oscuridad” donde participo la cantante Björk y “Dogville” entre otras.

Ninfomana 2

Entre su reparto se encuentran Charlotte Gainsbourg, Stacy Martin, quien hace la primera parte de Joe en su juventud,  Stellan SkarsgårdShia LaBeoufJamie BellChristian SlaterUma ThurmanWillem Dafoe y Connie Nielsen.

Datos curiosos

*La película se filmo en Alemania y Bélgica entre Agosto y Noviembre del 2012.

*Para las escenas de sexo, el director compuso digitalmente los genitales de actores pornográficos.

Para los que no pudieron verla en la Cineteca, hay un  circuito en cines comerciales que pueden ver a continuación:

 

cartelera Ninfomana

 

 

Sophia L.

 

Conoce a las personas que periódicamente contribuyen a la construcción del Rincón del Arte y Cultura

 

Visita nuestra página Corredor Cultural NarvArte

 

Mándanos un mensaje:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cinenfoque por Sophia L.

Cine

El mundo paralelo del cine.

 

Hay algo llamado pasión derivado del verbo en latín, “patior”, que significa esa emoción intensa hacía una persona, o un tema.

Esa fuerza incontenible que nos define, un momento fugaz que llena todo nuestro cuerpo y nos detiene a pensar más allá de todo.

Hace tiempo que encontré mi pasión, llamada cine, esas fotografías cuadro por cuadro que se vuelven movimiento sin que el ojo sea capaz de advertirlo y nos invitan a sentarnos en un mundo ficticio, creado por alguien.

Defino el cine como ese arte de contar historias, esas que nos llenan o nos vacían, las mismas que nos emocionan hasta las lágrimas o que odiamos sin remedio.

Cuántas veces me he vuelto a enamorar de la mano de Bogart y he llorado frente a esos escaparates ficticios de Lars Von Thier o he entendido al ser humano de la mano de grandes cineastas como Bergman.

Mundos locos de la mente de Burton o geniales diálogos de la mente de Tarantino.

Existen miles, desde el gusto más simple hasta los más exquisitos manjares que se presentan delante de nosotros, esos especímenes raros que caminan por alfombras rojas, o morirán sin que nadie conozca su historia, detrás de una máquina de escribir que no tiene fecha de estreno.

Ese encantador mundo del cine, aquellos instantes que nuestra mente navega en una realidad paralela que de una u otra manera siempre acaba siendo una nueva forma de encontrarnos a nosotros mismos.

 

Sophia L.

 

Conoce a las personas que periódicamente contribuyen a la construcción del Rincón del Arte y Cultura

 

Visita nuestra página Corredor Cultural NarvArte

 

Mándanos un mensaje:

“Con la escritura se viaja al futuro” por Edgar Khonde

libro y computadoraA partir de este instante invertiré un lapso de tiempo para escribir estos párrafos. -Me siento frente a la computadora, dispongo a sus costados los libros de Tabucchi, Castillo Gómez y Kafka-. El tiempo afuera del ejercicio escritural habrá transcurrido hacia adelante. -Hojeo cada libro para revisar las señalizaciones que les hice, para verificar que no tenga que interrumpir la escritura-. La escritura me habrá transportado al futuro. Ningún acto escritural pretende asirse al presente o al pasado, siempre tiene por objeto el mañana. -Cojo uno de Piglia en donde aborda a Felice como la lectora preferida de Kafka; que aún no sé si utilizaré.- La escritura a diferencia de la lectura que puede sostenerse dentro del ahora y viajar hacia atrás, no puede hacernos volver sobre la historia.

 

Hace unos días, recuerdo que leí una sentencia, he olvidado al autor: «escribir es borrar»; o lo que interpreto como no estar satisfecho nunca de lo logrado. Kafka, de quien Piglia (2005, 44) afirma que liga la escritura a una estricta disciplina asociada con el mundo militar, dejó constancia de su obra a su pesar (todos sabemos que le pidió a Max Brod destruir su obra literaria). Tal vez nunca estuvo satisfecho con los resultados de su cifrar la lengua. Sin embargo, que yo sepa, no dejó instrucciones de qué hacer con las cartas que le escribió a Felice Bauer. Quiero suponer que la obra de Kafka no existe, porque fue destruida de acuerdo a sus deseos, el testimonio que nos queda es su escritura epistolar[1]. Una escritura privada que -la carta- funciona como objeto-memoria, en palabras más menos de Castillo Gómez (2006, 59).

 

mujer leyendo ventanaPienso que una carta no es en sí un pleno texto escritural, ni literario, sino un discurso que se enroca entre oralidad y escritura. Parto de mi experiencia como escritor de cartas. A veces, pocas en realidad, cuando escribo alguna guardo un borrador que suelo utilizar para convertirlo en un texto literario. Llevo una bitácora de sueños, y como Kafka a Felice, recurro a contarle un sueño a través de una carta a una destinataria (yo también tengo una lectora preferida). Si leo la carta en voz alta, regularmente me parece correcta, coherente; imagino luego a mi lectora leyendo la carta en voz alta. En una lectura silenciosa, encuentro ausencia de preposiciones, redundancias, ausencia de nombres o presuposiciones que sé que esa lectora comprende, pero que ningún otro lector va a poder descifrar.

 

Tabucchi (2010, 239) tiene una novela epistolar, en ella, en uno de los capítulos dice: «Quisiera realmente escribirte una carta, un día de éstos, una carta total, una carta verdadera y total, lo pienso y pienso cómo sería si te la escribiera: estaría escrita con palabras normales y corrientes, ya desgastadas por las muchas personas que las han dicho (…)».  A través del capítulo Tabucchi le describe a su destinataria cómo tendría que ser escrita la misiva. Cuando un lector lo lee, entiende que de hecho está leyendo la carta, no una pre-carta. Tabucchi, prepara a su lectora para recibir el ejercicio de su escritura.

Kafka (2010, 42) también prepara a su lectora: «Anoche soñé contigo por segunda vez. Un cartero traía dos cartas certificadas a mi nombre, dos cartas tuyas (…)». En contexto, en algunas cartas que Kafka le escribe Felice, le cuenta sus sueños. Le comparte esa escritura privada y la hace guardián de su memoria. Decía una amiga que los recuerdos no forman parte del tiempo porque se les saca de ahí; en palabras de Castillo Gómez (2006, 59) las cartas son «(…) herramientas para el recuerdo e instrumentos para la expresión de la identidad privada.»

 

cartaLa oralidad es inasible, la escritura es un recurso para sostener lo oral, y acudir a ello en otro momento. La oralidad se supone refleja más fielmente el pensamiento, el lenguaje funciona como un traductor de un lenguaje interno, deseablemente preciso. Sin embargo, cuando el que escribe lee y relee lo escrito, fácilmente se percata de que lo escrito no concuerda con lo que tiene en la cabeza. Oralmente es difícil percatarse de ello, ya que no se puede acudir al sonido[2].

Tomé un taller de escritura. Uno se puede imaginar que en un taller de escritura puede aprender una de dos cosas: a escribir bajo reglas ortográficas o, a escribir literatura. El taller no estaba dirigido a cumplir ninguna de esas expectativas, lo cual me pareció un acierto a la segunda clase. Las primeras sesiones me ocuparon en el quehacer de escribir relatos autobiográficos. Este ejercicio me remontaba a la escritura de las cartas que he escrito, ¿por qué? Supongo yo que porque escribo para un lector, una lectora. Para mí es una herramienta tener en mi mente el rostro de mi lectora. Sé que mi lectora no es una simple lectora. Sé que esa lectora es una lectora con un bagaje amplio como lectora y que mientras descifra los signos de un texto, anota sobre la escritura sus observaciones y correcciones. Mi lectora, incluso corrige mi oralidad cuando compartimos espacio y tiempo; tal vez mi lectora tiene una neurosis de correctora. Tener presente esto en el taller me hacía preguntarme la intención de mi escritura, no cómo lo escribía ni las palabras que usaba, sino lo que escribía. Pienso que un hablante ensaya lo que le va a decir al otro, a través de la escritura puedo ensayar lo que diré ante mis interlocutores. El taller de escritura, al menos eso se intentó, podía ofrecer la visión de que había opciones de decir -y escribir- una misma idea. Todos los ejercicios que escribí en ese taller, eran parte de una carta, o así lo concebí.

A través de los día a día las ideas que se despertaban me llevaron a preguntarme, que: ¿si existe una ingeniería del lenguaje no es acaso factible que también exista una ingeniería de la escritura? Supongo que sí. Si ustedes ponen en el buscador de Google: ingeniería de la escritura, el buscador no arrojará un sólo resultado que mencione algo relacionado a formas y construcciones de la lengua escrita; al menos en español no, no busqué en inglés. Es posible que, si apelamos a Google como al oráculo que lo sabe todo, nadie se haya planteado el problema. A mí no se me habría ocurrido buscar sino hasta que una compañera del taller me preguntó qué hacía yo inscrito, mi respuesta fue: es que este tema de la ingeniería de la escritura, pues, quiero saber de qué se trata. Mi compañera preguntó: ¿y eso de dónde lo sacaste? Me asombró un poco su cuestionamiento porque para mí era obvio que el Taller de Escritura consistía en plantear la ingeniería de la lengua escrita como posibilidad del éxito de la escritura personal.

 

Es obvio que por las cartas podríamos describir e incluso explicar la ingeniería de la escritura epistolar. Los textos literarios, a través de la teoría literaria, son explicados cercanamente por medio de una ingeniería. La cosa es que son explicados, pero no replicados. Escribir, escribir lo que sea, a fin de cuentas podría resumirse a poder ordenar palabras y pensamientos, ordenar sintagmas que en el discurso tengan la posibilidad de ser interpretados como el hablante-escritor los haya concebido en su mente. Ese taller me hizo pensar que sí, y que era posible aprender y aprehender y luego compartir esa ingeniería de la escritura. Pero hay que borrar y deshacer borradores y volver a escribir. Enseñar también es un poco enseñar a desaprender, comenzando con enseñar que es posible escribir, que cualquiera puede hacerlo. Por ejemplo, si pensamos en las cartas, las probabilidades de que la gente haya escrito alguna vez en su vida, aumentan.

Salgo a andar en bicicleta con un amigo escritor. Una vez le pregunté si existían tutoriales para aprender a andar en bici. Claro que existen pero nadie aprende pensando sino haciéndolo, dijo. Yo pude haber participado más en ese taller, mi presencia fue pasiva. Pero a manera de disculpa, puedo argumentar que quería ver cómo se desarrollaban los hechos. Qué sí y qué no era prudente, qué sí y qué no era relevante. Tal vez pensar en lo que se va a escribir sea un paso de la metodología, pero posterior al hecho de escribir lo que se piensa, como andar en bicicleta. ¿Cómo escribir si no sabes? Una forma podría ser que quien practica la escritura no se dé cuenta que está escribiendo.

 

carta-escritaCuando se escribe una carta, el que la escribe no sabe que está escribiendo sino qué está escribiendo, o no lo concibe de esa manera. Además, escribir una carta es un ejercicio cotidiano; no en uso y deshuso, sino posible. Tabucchi, Kafka, Gilberto Owen, John Keats, todos ellos escritores, todos también escritores de cartas comentaban su literatura a través de las misivas. Dejaban percibir a su lector el proceso ingenieril de sus propios textos. En su cartas, había visos de la obra negra de cada construcción verbal incrustada en el discurso. Además su tiempo, bien visto, era vuelto lenguaje escrito.

 

Hace unos días envié una carta en donde le explicaba a la destinataria que no solo iba a viajar hacia el futuro sino que iba a transformar el tiempo en palabras. Me volví mago y viajero cronomatográfico al mismo tiempo que me ejercité como escritor, y que hice uso de la ingeniería de la escritura de la carta. Podría decir que me volví un hombre complejo.

 

Termino de escribir esto, han pasado varias horas, aparentemente yo no me he movido. Y salvo los libros que he hojeado nada en este cuarto se ha movido. Cuando leía alguna línea de este texto regresaba al pasado, o me podía trasladar al futuro; cuando soltaba la lectura otra vez estaba en el presente. Escribir necesariamente me trajo al futuro, no había de otra, tampoco esperaba que el reloj corriera hacia atrás. Mientras otro hombre tal vez permaneció estático en su espacio y vivió de manera pasiva su presente (y de hecho continúa así), yo viajé al futuro, escribiendo.

 

La escritura, la práctica de ella, hace que uno advierta un mapa de lo que se tiene en la cabeza. Una escritura clara, con la práctica, supongo que le muestra al sujeto un posible orden de sus pensamientos (y se convierte en una ventana hacia sus yoes anteriores). Ahora bien, ignoro el resultado de que todos los sujetos tuvieran claros sus pensamientos. Tal vez individualmente sería horroroso: mirar el mundo con claridad, deslumbrados, honestos; quizás algo dentro de nosotros como sociedad, evolucionaría rápidamente, y sería igual de horroroso.

 

Más allá de escribir una carta, de viajar al futuro, de poder ver las trabes, cimientos, castillos y tabiques de la escritura, escribir para el otro es otra forma de abrazarlo.

Edgar Khonde

 

Twitter: @edgarkhonde

Bibliografía

 Castillo A. (2006). Entre la pluma y la pared. Una historia social de la escritura en los siglos de oro. Madrid: Ediciones Akal.

Kafka F. (2010). Sueños. Madrid: Errata naturae editores.

Piglia R. (2005). El último lector. Barcelona: Anagrama.

Tabucchi A. (2010) Se está haciendo cada vez más tarde (2ª ed.). Barcelona: Anagrama.

[1]   En esta especulación tampoco cabrían los pocos relatos que publicó en vida.

[2]          Si descartáramos los soportes tecnológicos, como las grabaciones.

 

Visita nuestra página Corredor Cultural NarvArte

 

 

Mándanos un mensaje:


 

El Espejo por Daniella Giacomán Vargas

PINTURA FIGURA FEMENINA (3)Fabiola aprendió rápido. Desde callar cuando él hablaba por teléfono con su esposa hasta no dejar rastros de sí misma al salir de su casa. Ocho años duró la historia de Fabiola y Ernesto. Ocho años de hacer un homenaje cada semana a Eros.

Fabiola tenía 26 años de edad cuando conoció por azares del destino a Ernesto, quien era mensajero. Ella era una delgada asistente ejecutiva en una firma ubicada en Portales, en la ciudad de México y él era un mensajero que de vez en cuando llevaba la correspondencia a la empresa donde ella laboraba.

Lo que no sabía Fabiola era que el mensajero acababa de contraer nupcias por segunda ocasión y siempre pensó que era un divorciado más en busca de la aventura. Después de todo, ella no tenía compromiso y “el que saldría perdiendo seria él”, se decía a sí misma. Ella era delgada, de estatura promedio y poseía una larga cabellera negra que pocas veces la amarraba. Ella se sabía atractiva.  Pero no sabía hasta qué punto.

reloj-10Los días 1 y 15 de cada mes eran el marco ideal para que se encontraran Fabiola y Ernesto, quien llegaba siempre a las diez de la mañana. Todos en la empresa sabían que él era el mensajero porque ya tenía años llevándoles la correspondencia. Era el único  que no portaba uniforme, únicamente su gafete de identificación, su gorra y su motocicleta, que en varias ocasiones, le quisieron robar pero nunca pudieron.  Fuera de eso, a él no le gustaban los formalismos, ni los uniformes, ni nada que le recordara que debía seguir una vida de un empleado o de un “Godinez”, por así decirlo.

El ritual de la correspondencia era el mismo. Llegaba Ernesto a la oficina, subía las escaleras con la correspondencia en mano y saludaba a Fabiola, quien estaba en el primer escritorio. Intercambiaban un “Buenos días”, “Gracias” y “De nada”. No había más. Había miradas que se cruzaban entre sí únicamente. Momentos después, ella entregaba los sobres a quienes correspondían y luego regresaba a sus labores.

Ernesto era un hombre maduro. Tenía 45 años de edad y su cabello, ya predominantemente cano, revelaba la experiencia. Era de estatura baja y su color de piel era como el bronce. Siempre portaba su chamarra, sus gafas oscuras, sus cigarros Raleigh y su encendedor verde limón. Era el de la suerte, decía.

 

II La primera salida.

 

En una fresca mañana de julio, Ernesto cambió el rumbo de su historia con la chica y optó por comenzar a hablarle a Fabiola. Se quedaría más tiempo para platicar con ella, para conocerla y por si quisiera, invitarla a salir. No fue difícil. Un lobo de mar no batalla. Ernesto encontró la manera de captar su atención. Era muy hábil para contar historias, lo cual auguraba que al menos su primera cita sería interesante. Después de varias semanas, Ernesto le pidió su número de teléfono a ella, quien se lo dio sin reparo alguno. Ella siempre se repetía a sí misma que estaba para que la invitaran, no para invitar, y mucho menos para pagar. Ella siempre se repetía a sí misma que estaba para que la invitaran, no para invitar a nadie más y mucho menos para pagar.

Comenzaron a salir y poco a poco se fue creando una relación. No era amistad puesto que siempre que salían, había una tensión sexual evidente. Una noche de otoño Ernesto la invitó a un bar. Pero para que no sospechara de sus intenciones, le dijo que llevara a una amiga y así fue. Fabiola llegó al bar con Esther, su mejor amiga.  La noche se sentía diferente.

 Two-cups-of-beer-in-barDespués de unas cervezas, se atrevieron a bailar. Rompieron la barrera de sus espacios personales y se abrazaron. La rockola tocaba una, dos, tres, cuatro canciones y ellos seguían abrazados. Estaban embebidos entre sí que ni siquiera se dieron cuenta de la hora.

Ernesto no dejaba de observar a Fabiola. Recorría su cabello, sus ojos, su boca, sus manos, su espalda, su trasero, sus piernas… Una y otra vez. Ambos salieron en la motocicleta del mensajero. En el bar se había quedado Esther.

Tardaron 15 minutos en llegar al mirador de la ciudad. Un cerro no muy grande que tenía una vista impresionante. Hacía frío pero no lo suficiente como para impedir que Ernesto y Fabiola disfrutaran de esa noche. Y ahí comenzó la historia. Primero se besaron tímidamente hasta que él la tomó de la cintura y la abrazó. Fabiola hizo lo suyo, rodeó con sus brazos el cuello de Ernesto y continuó.

MiradorNo se escuchaba nada más que los besos y a lo lejos, el murmullo de los carros. No había nadie más. El mensajero trató de desabotonar la blusa de la joven, a lo que ella se opuso. La noche era demasiado hermosa como para estropearla. Luego de 10 minutos de intentos fallidos, Ernesto la llevó de regreso a casa.

 

II Aprendiz

 

Cada fin de semana iban al mirador y repetían lo mismo. Hasta que un día, Fabiola se armó de valor y se propuso cautivarlo de tal manera que ya no dejara de pensar en ella. Aprendió a hacerle el sexo oral a pesar de nunca haberlo practicado, pues sabía que con eso lo mantendría cerca. A ella le gustaba ser vista por él; le gustaba sentirse deseada, le gustaba recordar lo que le decían cuando era más joven. Le decían que era una mujer muy sensual y que podía tener al hombre que quisiera a su lado.

Pero realmente aprendió con él. Supo como dosificar los tiempos y las ganas de ambos. Entendió que entre más lento es el juego, es más intenso. Supo que no debía de hablar mientras estaba con él, únicamente moverse, gemir y observarlo fijamente a los ojos. El mensajero ya la deseaba cada noche. Incluso, en ocasiones repetía su nombre mientras dormía. Su esposa lo escuchaba pero nunca le tomó importancia. O fingió demencia. Con el paso del tiempo, de las noches y de las citas, Fabiola aprendió a “calentar” a su amante con solo tocar sus brazos, sus manos o recorrer su espalda con la lengua. Entre más tiempo pasaba, él se volvía más loco por ella.

motelesTodos los moteles de la ciudad fueron recorridos.  Todos en absoluto. Navidades, 14 de febrero, Día de la Bandera y los cumpleaños eran celebrados entre sábanas y calor. Cada fecha era importante no por lo que se festejaba, sino por el festín carnal que armaban entre sí. Los silencios, las miradas, el vaivén de las manos y piernas eran la delicia.

Justo cuando Ernesto le confesó a Fabiola que tenía una esposa, llegó otro invitado a la fiesta. Se trataba de un nuevo lugar que se convertiría por los últimos cuatro años en testigo de su historia sexual. Era la casa de un pariente del mensajero que le había dejado a cuidar. Cuando Ernesto tuvo las llaves en sus manos sintió una alegría inmensa. Era como haberse sacado la lotería, pero para efectos prácticos, era como tener su propio departamento de soltero. Pero no sólo eso, Fabiola había estado ideando en mente otras técnicas de seducción y encontró en un espejo de la nueva casa, la oportunidad de llegar al orgasmo con su amante. El ritual era sencillo. Una vez estando adentro del sitio, al que entraban sigilosamente cuidando de no ser vistos y tratando de no arrepentirse, comenzaban los besos.

Encendían el ventilador, prendían la luz y se despojaban de sus ropas. El mensajero, con su cuerpo marcado por los años y la experiencia, palidecía cada vez que Fabiola quedaba desnuda. Su blanca piel, sus suaves senos y caderas afiladas eran su banquete visual, que debía ser devorado lo más pronto posible.

Lo primero que había que hacer era colocarse frente al espejo. Ella adelante y él atrás. Luego seguía el preámbulo. El manoseo, la pasión, el festín carnal.

 

III Adiós al espejo

 

Luego del ritual frente al espejo, llegaba el momento del acto, en donde ambos se unían en un solo respiro, gemido y orgasmo.

No importaba que a veces no funcionara el ventilador o que la cama se moviera de más. Lo único necesario era que Fabiola se dejara guiar por sus sentidos y actuara libremente. Sólo una vez Ernesto le hizo sexo oral a ella. Esa noche estaba muy borracho y no tuvo empacho en hacerlo. Fue la única vez, por lo que ella sabía que no duraría mucho tiempo con él, pues ocho años se había dedicado únicamente a darle placer a él. Pero él, era un poco egoísta.

mujer desnuda en la oscuridadY aunque sí llegaba al orgasmo y sentía placer, no era lo mismo, por lo que los demás encuentros se fueron apagando poco a poco. El final llegó cuando una tarde ya no estaba el espejo en su lugar. Alguien lo había quitado de su sitio y sólo quedaban pedazos en el piso. Se había roto así como su historia. El le prometió que conseguiría otro espejo o que irían a algún motel, que allí abundaban. Pero ella dijo que no. Se había perdido parte de la magia que evocaba ese misterioso objeto colocado a un lado del tocador. Ernesto insistía. Podía ser en el carro, en algún parque o en el motel. Pero ella ya no quiso.

Por primera vez se sentía segura de su decisión y comprendía que era el momento de decirle adiós a su mensajero. En ese encuentro, se vistió lentamente como si se despidiera a cada momento del lugar, se enjuagó la cara, la boca, se arregló el cabello, se colocó sus zapatillas y se fue. No hubo necesidad de decir nada, de forcejear, de gritarse o de insultarse por teléfono como en otras ocasiones. Fabiola era libre y ya no había más qué hacer.

 

Daniella Giacomán Vargas

 

 

Visita nuestra página Corredor Cultural NarvArte
Mándanos un mensaje: