“La lengua es un canto” por Edgar Khonde

LenguaUsted debe creer que las cosas nacieron con los nombres que portan, es decir, que una pelota se llama pelota y que no podría llamarse de otra forma, aunque sabe que existe balón, bola, redonda. O que el carro es carro, y no auto o automóvil o coche o nave. Usted debe pensar que su idioma y forma de nombrar las cosas es la más precisa del universo, del universo no solo del mundo, y es un error como se nombra un objeto en inglés, francés, chino o ruso. Déjeme decirle que ha sido engañado, o usted se ha engañado.

 Resulta que usted va por el zoológico, porque es casi imposible suponerse en una selva, y escucha el ruido de los monos y los elefantes y los gallos y los leones, y a usted sus voces le parecen gritos sin sentido. Usted quizás no lo sepa pero nuestros científicos del lenguaje han desvelado que esos gritos significan cosas parecidas a nuestros actos de habla, quizás no tan preciso como nuestra lengua, pero en su contexto esos gritos o aullidos animales son tan funcionales como nuestro buenos días y good morning.

 Le planteo un recurso que apela a la imaginación, suponga usted que su origen es Marte y que llega a la Tierra y conoce a los humanos, ¿no le parecería que la lengua humana está compuesta de gritos, gruñidos y aullidos? Usted como un marciano civilizado, ¿no pensaría que el hombre es solo un animal sin capacidad para el lenguaje? Pensaría que somos burros.

 La lengua humana está compuesta de sonidos, básicamente cualquier ruido es un sonido, una irrupción de ondas sonoras a través del aire. Los sonidos que emite el ser humano, sonidos del habla, son producidos por el aire que recorre nuestro aparato fonador. El aparato fonador es el conjunto de órganos que intervienen en la emisión del habla: órganos de respiración, fonación y articulación; usted puede buscar en internet si está interesado en saber la función de cada uno de ellos y cuáles son en específico. Los sonidos pueden ser solo ruidos, gruñidos, gritos y aullidos como dice el párrafo de arriba, pero también, y a mí me gusta más esta concepción de la lengua, los sonidos pueden ser un canto. Si usted lo prefiere, los seres humanos cantamos. Una lengua es una canción. Una variante de una lengua es una canción. Usted dice que los norteños hablan cantadito y la gente del norte de México dice que los chilangos hablan cantadito. En cierta manera ambos entes geográficos tienen razón. Norteños y chilangos interpretamos el español con diferentes cantos, acentos, tiples. La forma más armoniosa del lenguaje es la poesía, porque recurre a la sonoridad para producir un efecto estético, con un fin emotivo la mayoría de las veces. Usted sabe además que los gallos cantan, y otras aves también, y los grillos raspando sus patas contra sí mismos chirrían o cantan. Si usted ha visto El señor de los anillos, debe saber que el lenguaje de los elfos tiene una relación intrínseca con el canto; además tendrá presente esa forma tan dulce conque las madres duermen a los bebés a través del arrullo: la canción de cuna, y que en la lengua conocida como náhuatl, la forma específica usada para la poesía era conocida como flor y canto. Por ahí en la red circula una supuesta investigación lingüística rusa, donde se expone que la lengua como canto, como ondas sonoras, es benéfica para el organismo de una forma que han propuesto desde la antigüedad diversas culturas: la lengua sana, en su forma de canto.

 A nuestro lenguaje particular o individual se le conoce como idiolecto, cada uno de nosotros tenemos una forma y una entonación específica que nos hace reconocibles como sujetos, cada uno de nosotros usamos más unas palabras que otras, nuestras formas oracionales nos identifican, es decir, cada uno tiene su propio ruido. Con nuestras formas de habla empatizamos con el otro, nos gustamos con el otro y formamos vínculos. Importa el cómo hablamos.

 Lo que quiero decir aquí es que toda esta tecnología evolutiva no ha hecho de nosotros máquinas perfectas del lenguaje, no somos más que monos aulladores. Nombramos una cosa con gruñidos o con un canto, encantamos, formulamos un conjuro cuando articulamos cada sonido que compone el enunciado: te amo. Lo bonito está en eso, cantarle al otro, hablarle, parlarle, decirle al tiro. Hay quienes tienen buena labia y hay quienes han sido apodados, el mudo. Las cosas no tienen un nombre natural, son un nombre convenido por la tradición cultural de los pueblos; tampoco existe un buen hablar o un mal hablar más que con fines sociales, pero no naturales, ni genéticos. Si lingüísticamente habláramos de inteligencia, entonces un hablante inteligente tendría que ser aquel que pudiera  comunicarse con más éxito en diferentes ámbitos, sociales, geográficos, idiomáticos; aquel que pudiera dominar más argots o jergas o registros, y no aquel que solo pudiera hablar correctamente de acuerdo a las reglas de un manual ortográfico, o al Manual de Carreño. Dicho de otro modo, aquel que cante más bonito diferentes canciones: un hablante versátil.

Edgar Khonde 

@edgarkhonde

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“Reptil” por Letal

LetalAhí me encontraba yo, callado, confundido, distraído, en una palabra, hambriento de entender la vida…
Fue entonces cuando recordé aquella figura pálida, sombría, delgada, llena de confusión en su mirada.
-Me acerque a ella diciendo – ¿qué sucede, en qué piensas?-
¡En nada, simplemente tenía la mirada fija, con mi mente flotando en el espacio vacío de la realidad! ¿Por qué la pregunta?
A lo cual respondí ¿A caso no escuchabas cuando te hablaba?, estabas como flotando en otro mundo, como confusa, como perdida.

Tras una leve pausa, respondió -No puedo arrancar, ni apartar de mi mente, ni de mi carne, una sensación que llegó flotando en el aire, la cual aspire, me la trague, se hizo parte de mí, y yo parte de ella.

¿A qué te refieres? contesté

–Tengo una sensación, cómo explicarla, es como si llegara a un punto donde siento tener una vida podrida, donde el aliento me asfixia, me contamina, me enferma, me siento vacía como el aire, sin saber cuál será mi siguiente paso y dónde terminaré después de darlo. Mi miedo se vuelve como un fantasma, el cual aparece en el momento menos esperado, recorre mí cuerpo, me sentencia y se vuelve un criminal de mi ser.

Y yo sólo puedo ver mi ansiedad
Hasta cuándo va a parar, a acabar
Me va a matar
Trato de entender la vida
Pero hay algo que me impide continuar
En este absurdo…*

Conforme la escuchaba, logre ver como sus manos se ponían sudorosas, comenzaba a temblar su cuerpo, estaba sudando frío, era un escalofrío lleno de ansiedad, en cada palabra que decía, yo me veía reflejado, me sentía desenmascarado, como si su lenguaje fuera un espía de mi vida.

Creo que todos en algún momento llegamos a tener esa misma sensación, pero ¿cómo explicarla cuando las palabras se vuelven hocico de laberinto en un eterno mundo que muestra desolación?
Sentí la necesidad de ayudar, ¿pero cómo? Si la confusión se había apoderado de mí, descarnando mi alma y exudando mis formas de dolor.

Fue en ese momento que respondí, -también me siento como tú, soy un rehén que busca escapar, mi identidad camina descalza y no deja huella de mí, es como si mi propio amor me haya dejado ausente.

Me levante y le dije -Sabes debo irme, ya es tarde, nos vemos mañana.-

Cuando me retire, sentí que era fácil para la gente que me veía por el camino distinguir mi cuerpo como iba serpenteando sobre la fragilidad de las calles, exudando confusión, arrastrándome entre sus sombras.

Pensaba que a pesar de que existen luces en la ciudad, también existen brumos que van afectando nuestra visión, se vuelven imágenes violentas, desequilibrando nuestra razón, me preguntaba, ¿qué será lo que más afecta nuestra vida, la visión de la realidad que larva nuestros ojos, o las palabras que vomitan falsas esperanzas de una vida llena de dignidad?

Distanciado tiempo, ¿por qué no te siento? Conforme iba recorriendo esa distancia tiempo, mi corazón se aceleraba, cada latido era una puñalada, cada latido era un momento de desolación. Mi mente, me decía: resiste; mi corazón me dice: ¿hasta cuándo?

¡Debo seguir, debo despertar, debo soportar!.

Finalmente y nuevamente en casa, con mi eterna pesadilla interior, en insomnio, en agonía, sintiendo el palpitar del corazón, sintiendo como duerme la razón, como me atrapa, quiere descuartizarme poco a poco, mi mente comienza a dormir me asfixio, me calmo, nuevamente duermo y lloro.

Despierto sin reponerme, me duelen los ojos, caigo, me levanto y caigo nuevamente.

Mira que la vida no es eterna
En cualquier momento nos olvida…**

 

Mientras tanto…

Ella se siente lista, se despierta, le duelen los ojos, se cae, se levanta y se repone, un nuevo día, una nueva lucha, un nuevo sin fin, un nuevo reto, un nuevo aliento, una nueva oportunidad. Resiste, respira y sigue.

Un nuevo día para ambos, nos encontramos y predicamos…

Ella me dijo -Quiero compartir algo contigo, anoche tuve un sueño, en el cual me encontraba envuelta en una tierna canción con susurro de vida; fue como si me diera fuerza y elementos para seguir viviendo y compartir cariño. Fue un nuevo aliento a reunir amor, como si durante el sueño me hubieran operado una parte del corazón y del alma, una segunda llamada a luchar, a vivir y compartir mi humanidad con otras sensibilidades; me siento otra persona, me siento libre de todo lo que me aquejaba-.

Yo le confieso sentirme aún intranquilo…

No puedo conciliar el sueño, me levanté en la noche con una enorme ansiedad; hay una sed de ser en mí. Una rabia incontrolable surge, me vuelvo un fiero animal y después me vuelvo frágil, vulnerable, desarmado, muy indefenso; esa sensación me aplasta y me hiere; me incorporo ya por mecánica, no por ganas, tengo miedo de lo que siento y de lo que veo.

Ella le responde, -debes intentar controlarte, debemos intentarlo, debemos resistir. A partir del sueño que te comentaba sentía como mi mente se habría a campos más abiertos, la libertad de mi imaginario es más amplia, ya no se encuentra tan cuadrada en toda mi perspectiva de la vida, déjame ayudarte con un poco de cariño-.

En la habitación de tu mente
No hay paredes, no hay ventanas
No hay mosaicos, no hay alfombras
No hay puertas…
Tienes colgadas las estrellas y la luna
Te reflejas y no hay espejos…***

 Siento que nadie se atreve a acercarse a mí, es como si al ver mí cuerpo, los apartara, mi semblante los espantara, los ahuyentara, lejos, no sé si sea miedo o lástima, yo mismo no sé lo que se produce en lo profundo de mí ser, es una necesidad de sentir un beso cálido, que me cobije, que me haga sentir seguro, querido, amado, necesario, que acabe con el desierto colapsado que hay en mi interior.

Son pocas las personas de las que siento amor, pero este se desvanece cuando veo las imágenes tortuosas, violentas, pornográficas, sucias, como lastre de la mirada, veo como caen ángeles inocentes en cada parpadeo.

Que tan inhumanos nos hemos vuelto que traficamos con lo más natural y solidario que tenemos, como lo es el amor; lo hemos convertido en la peor de las armas para doblegar conciencias, un arma que ha originado la devastación de culturas, bajo la bandera del amor la gente cae, confía, da todo, hasta su propia vida, ya que con el pretexto del amor y la esperanza, se justifica el odio y el genocidio, se crean falsas expectativas de sobrevivencia.

-Mientras yo estaba hablando, sentía como poco a poco iba exaltándome, comencé a agitarme, a sudar, a temblar, sentí un llanto interno, mi sangre se coagulaba, me atormentaba, me retorcía, iba enmudeciendo. De repente solo corrí, tan fuerte, tan rápido, tan rabioso, tan desesperado, tan alocado.

-¡Espera, regresa…!

Mis oídos no escuchaban, mi mirada se perdía, mi cuerpo se entumecía, ardiendo, quemando, quebrándose.

La gente, me ve, pero ¿a qué huele esa gente?, olor-ardor de espíritu en descomposición…

Ella corriendo detrás de mí.

Yo corriendo detrás del destino.

El destino corriendo detrás de nosotros.

Todos corren, caminan, se deslizan, se arrastran, todos en camino hacia ninguna parte, todos sin excepción danzando en el cráneo del tiempo.

Me detengo, agitado, angustiado, confundido.

Ella sigue mi rastro, mi huella invisible e insegura, pero no encuentra ni siquiera un olor a sangre que la guié.

Relativamente calmado, trato de respirar lo más profundo para relajarme.

Mientras tanto ella sigue mi rastro, mi huella invisible e insegura, pero no encuentra ni siquiera un olor a muerte que la guie.

Poco a poco iba cerrando mis parpados, relajándome, incluso lo que no sucedía en mucho tiempo iba soñando, creando ilusiones, el cuerpo por fin encontraba una confortable estancia que me hacía descansar, el leve viento sopla como arrullo, calmándome y cobijándome, voy durmiendo, voy soñando…

Con un grito ensordecedor, ella llegó hasta mí…

Como siempre, la gente sólo veía, pero no ayudaba, se lamentaba, pero no actuaba, parada, quieta, junta, pero sola, ahí….

Ver en lo alto como abrazaba mi cuerpo, me hizo sentir cariño y amor del más sincero y acogedor, nunca antes experimentado; pero al final de cuentas me dolía verla llorar, hubiera querido abrazarla también, pero…

…Ahí me encontraba yo, callado, confundido, distraído, en una palabra, hambriento de entender lo que fue mi vida…

*Santa Sabina. Miedo.

**Caifanes. La vida no es eterna.

***Jaguares. En la habitación de tu mente.

Letal

Colaborador del Corredor Cultural NarvArte

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“Descubrir Los Diarios” por Edgar Khonde

Descubrir los diarios por Edgar Khonde

 

Admiración Aina era una mujer catalana que conocí en el centro de Coyoacán, después de una o dos semanas me percaté que recolectaba etiquetas de cerveza y hojas recogidas del piso que luego pegaba en un cuaderno. Junto a la página del cuaderno donde pegaba con pegamento líquido hojas y etiquetas registraba en medio párrafo alguna anécdota que acompañara al souvenir. He viajado poco, me refiero a que he viajado en la brevedad, no como Aina que llevaba un año fuera de Barcelona. Durante ese año Aina había recorrido parte de Sudamérica y México. Su cuaderno le servía para capturar detalles del viaje, no traía una cámara fotográfica encima ignoro porqué y no pregunté. En cambio su cuaderno hacia las veces de diario o bitácora de viaje; no en ese sentido estricto porque a veces anotaba palabras que le llamaban la atención, o escribía una reflexión así como versos y cuentos mínimos, o su estado de ánimo o la impresión que le había causado un suceso. Sus anotaciones poco describían su recorrido sino a través de sus emociones. Su bitácora de viaje era un sortilegio inasible y casi inmaterial.

 Compartí piso con Cris, una fotógrafa semiprofesional extrovertida y que gustaba de asistir a hacer sus ejercicios fotográficos a barrancas, cementerios de chatarra y colonias marginales ataviada por una diminuta falda y una cámara fotográfica más grande que su rostro. Ignoro todo lo que hay que ignorar de equipo fotográfico, así que cuando ella me explicaba emocionada del tema, yo asentía y sonreía creyendo librarme de cualquier polémica con mi simulación. Cris tenía un cuaderno forrado de negro sobre su cómoda que nunca se me había ocurrido cuestionar, es decir, para mí pasaba inadvertido. Alguna vez al entrar a su cuarto y tenderme en la cama junto a ella para platicar de cualquier cosa, lo tomé estirando mis manos mientras la escuchaba. Lo hojeé sin percatarme de su contenido. Cris no protestó la maniobra, me advirtió, ¿quieres leer lo que he escrito de ti? Coloqué el cuaderno en la cama, entre nosotros. Me incorporé levemente, y dije que sí. Me señaló el cuaderno negro. Lo tomé y se lo di, buscó una página y me lo regresó. Leí. Después leí otra página al azar. ¿Esto es un diario?, pregunté, me dijo que sí. Cris no anotaba en su diario su transcurrir dentro de los días y el tiempo, anotaba la gente que iba conociendo. Anotaba sus impresiones de la gente que se encontraba en su vida.

 Hernández Estrada señalaba con una raya hecha con un punzón, una navaja o las puntas de unas tijeras sobre una tabla que había recogido en la calle cada día que pasaba. Cuando juntaba cuatro rayas la quinta la marcaba con una diagonal. Era su manera de contar los días, me imaginé; la vida era su prisión. Cuando me animé a preguntar me lo aclaró, era su diario. Su respuesta estaba formulada supongo que a modo de acertijo o de enigma, o era demasiado literal: estaba contando su vida.

 El más convencional acaso fue, es, Francisco Cienfuegos. Recurrentemente nos encontrábamos en la puerta de la oficina de correos. Él entraba o salía, yo pasaba por la acera apresurado. Supuse que iba al correo a recoger algún envío, me imaginé que trabajaba en alguna oficina que gestionaba algún asunto relacionado con los migrantes, no sé por qué pensé eso. Yo lo saludaba porque lo había conocido en el museo durante una muestra de la obra de Mathias Goeritz. Le pregunté un viernes que hacía ahí, en la oficina postal y me contestó que había ido a llevar una carta. Al día siguiente por la mañana lo encontré en el mesón desayunando, me senté en su mesa. Francisco escribía tres veces por semana una carta contándole su vida a una mujer llamada Alicia. No indagué quién era Alicia, porque lo que a mí me sedujo fue el hecho de entender en el acto que Francisco llevaba un diario epistolar. Se lo hice notar, él se sorprendió porque no se le había ocurrido pensar en ello.

 De seis meses a la fecha, llevo un registro de mis sueños. Tengo una libreta de papel piedra, un papel hecho a base de minerales y que es impermeable. Mi diario es una bitácora de sueños. Por supuesto la mayoría de las veces no recuerdo mis sueños y ni siquiera estoy seguro que una persona sueñe todos los días. Pero cuando despierto y recuerdo el sueño, lo anoto. No para buscar interpretar el acto onírico, sino para ejercer una literatura de los sueños, como recurso o como género, porque a algunos de esos sueños los he convertido en cuentos, en reseñas, en fragmentos de novelas, o en opiniones sobre lo cotidiano.

 Hay un diario todavía más sorprendente y anómalo que las formas que he exhibido aquí, ese diario es la memoria. Un recuerdo es un fragmento de un texto de la historia individual y colectiva del sujeto. La memoria es ese diario que como fisgón abrimos para echarle una ojeada. Como en cualquier diario, no anotamos todo. Y como cada uno de los diarios que he descubierto, registrados bajo diversos criterios y formas, nuestras memorias-diario son anómalos para el otro y al mismo tiempo pertenecen al mundo de la literatura fantástica.

Edgar khonde

@edgarkhonde

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